Es impresionante como hoy en día podemos apreciar de manera directa lo que hace unos diez o quince años atrás era parte de la ciencia ficción, de la magia de la cinematografía, así como del ingenio y creatividad de productores y directores de Hollywood. En realidad, era sólo un presagio de lo que estaba por venir.

Sarie Bay, Vía Circunvalar después de frente frío de 2010
Ya se había escrito, hace cientos de miles de años el Apocalipsis nos refirió situaciones nefastas y devastadoras que afectarían nuestro mundo actual, -en ese texto sagrado denominadas “el principio del fin-”, hoy por hoy con un término mucho más moderno y más cool denominado “climate change” o “cambio climático”. Definitivamente, llamémoslo como queramos y aunque muchos escépticos no lo crean, en ambos casos estamos hablando de lo mismo.
Así es, debemos asimilar que la especie humana corre un gran riesgo y debe actuar, pero no de manera impulsiva, sino haciendo buen uso de la razón y de la inteligencia de las que hemos sido dotados.
Debemos prepararnos como cualquier especie de la naturaleza que siente amenazada su existencia. Sufriremos modificaciones en nuestras tradiciones, costumbres, modos y usos, porque ello será necesario para adaptarnos a las nuevas condiciones de vida que nos imponga la naturaleza.
Cada uno de nosotros somos coprotagonistas de esta espectacular cinta que debemos filmar permanentemente con nuestras propias experiencias de vida, pero con el pequeño gran problema que durante la grabación de esta superproducción no hay lugar a repetir escenas, y es por ello que no tenemos opción de equivocarnos, pues lo que está en juego es nuestra propia supervivencia.
Rincón de la Langosta después del frente frío del mes de enero de 2010
Los efectos del cambio climático son ya una realidad palpable y tal parece que el año 2010 tiene el firme propósito de no dejar duda alguna sobre ello; terremotos nefastos como el de Haití, avalanchas aterradoras en Perú, tormentas sin precedentes recientes en EEUU, son sólo algunos ejemplos de que el mundo en general está alterado, y nuestro país no se queda atrás.
El fenómeno del niño, que éste año parece haber nacido hiperactivo, ya tiene varios de nuestros más importantes ríos prácticamente secos, los incendios forestales están al orden del día, y en nuestra región insular los frentes fríos parecen no dar tregua, al mismo tiempo que algunos expertos pronostican para este final de año una temporada de tormentas y huracanes bastante activa en el Caribe.
Desafortunadamente y aún con lo que viene sucediendo en nuestro mundo, muchos son los que todavía no creen, mientras que otros ni siquiera lo saben, y algunos se hacen los locos; pero lo cierto es que los efectos del cambio climático ya empiezan a afectar de manera directa nuestro Departamento Archipiélago, cuya condición insular lo hace todavía más vulnerable.
Por ello, debemos también suscitar las reestructuraciones necesarias en nuestras mentes, reevaluar nuestras prácticas, revisar nuestra conducta y lo más importante, empezar a generar los cambios de actitud que nos permitan prolongar la existencia de la raza humana sobre la faz del globo terráqueo, o bueno, lo que quede de él en un futuro.